2 de agosto de 2014

Pleamar

Tengo el corazón anegado en sal desde que llegaste a mi orilla para bañarme en tu deseo. 

Tengo la cabeza perdida en los gemidos que tu brisa hace al invadir mi cuerpo, y en la musicalidad de tus olas al romper en mi playa, que me hacen soñar con ser espuma en tu mar, y con tus manos tocándome con la mística cadencia de las mareas.

Tengo la piel preparada para tu sabor a infinito, tus caricias de plata y el insaciable apetito de llevarme a tus adentros.

Porque desde que me inundaste solo pienso en recorrer las profundidades de tu alma, sumergirme en ti y respirarte profundo sin temor a ahogarme en tus aguas... siendo como eres, el aire en mis gotas de lluvia, el viento en mis burbujas; el contenido de todas mis fábulas.

Eres la melancolía de mis lágrimas, la oscuridad de mis miedos, la ansiedad de mis anhelos y la intensidad de mis versos. Eres el insondable abismo de mis apetitos más siniestros, el eco de lo imposible, el reverso inverso de mis sueños más perversos.

Así que vacíate en mí y solo conmigo, que yo procuraré ser esa tormenta que te sacude, te mueve, te abre y te renueva. Y te lloveré siempre mis deseos en clave de invierno, hasta conseguir que tus aguas se congelen, para guardarse en el tesoro de lo inevitablemente eterno.


30 de julio de 2014

La morada de Nieves


XANADÚ (híbrido morado de Xanadu Regio, área brillante y helada del satélite Titán, en Saturno, y Xanadú, ciudad del imperio mongol de Kublai Kan, asociada al lujo y la abundancia)
1. mLujoso rincón del alma que salvaguarda y congela los sueños, los deseos y los anhelos de la persona. 2. mMaternidadPlaneta nevado de los sueños en la universoledad materna, donde la mujer se erige con profusión en distintas figuras de hielo que conforman las múltiples facetas de su personalidad, nuevas, pasadas y olvidadas.

Algunas personas creen que en los albores de la universoledad hay un misterioso lugar de opulencia y exuberancia emocionales donde se reflejan y congelan los sueños. Aparentemente no es un sitio cálido, pues está cubierto de hielo, pero en él brilla una incandescente y cegadora luz eterna, de un blanco perfecto, sin mácula, que refracta con máxima intensidad todos los deseos y en cierto modo mantiene caliente el alma.

A ese universo nevado yo lo llamo Xanadú. Hace años, cuando no era madre, aquel lejano territorio de los anhelos exhibía en forma de figuras de hielo mi colección de aspiraciones, todas ellas relacionadas con la creatividad primaria, pura. La cronista de viajes. La fotógrafa. La diseñadora gráfica... La escritora. La creadora de múltiples universos de fantasía, la madre de cientos de personajes inolvidables, el inagotable proyector de vivencias y sentimientos, el motor de infinitas vidas paralelas. Y la MADRE, sin más. Era aquel el lugar perfecto donde darles espacio y tiempo, donde evadirme de la realidad (una necesidad que he tenido desde siempre, por muy favorables que fueran mis circunstancias), donde seguir viviendo realidades alternativas cuando la intensidad del presente se me quedaba corta. En ese xanadú interior existía un palacio de hielo donde yo albergaba todo aquello que deseaba crear, ser, dar vida, encarnar. Y me refugiaba siempre en aquella lujosa morada pintada de éxito, pero no un éxito social o económico, sino aquel que se refiere exclusivamente al triunfo personal, el que se desprende de la pura realización, ese ingrediente de la felicidad que depende únicamente de nuestra capacidad para desarrollar el talento innato que todos tenemos y, en mi opinión, para lo que hemos nacido.

Con el paso del tiempo, aquel xanadú nevado se fue llenando de esculturas perfectas, de múltiples y variadas versiones de mí misma, y yo paseaba a menudo por él, envuelta en su evanescente y nebulosa atmósfera, creyendo que algún día ese paisaje dejaría de ser puramente onírico y se trasladaría a mi realidad. En aquel lujoso mundo hecho a la medida de mis deseos no había nada que no pudiera tener o ser, no había un solo día en que la inagotable fuente de luz proyectada por mis sueños dejara de brillar sobre mis figuras de hielo, reflejarlas, mantenerlas incólumes. Allí me sentía poderosa. Allí, el agónico estertor de los sueños aplastados por la duda y la inseguridad en el mundo real se transformaba en el retumbante eco de unos pensamientos que rebotaban en las paredes de mi refugio de hielo. Allí me escuchaba, y lo que oía me empoderaba, me hacía sentir capaz de conseguir, de convertirme en, de hacer realidad, en definitiva, todo aquello que deseaba.

Entonces llegó el día en que me por fin me convertí en madre, una de las estatuas de hielo más brillantes y perfectas de mi xanadú, y la tormenta de sentimientos ardientes que se desató a continuación arrasó aquel mundo congelado. Vi como aquel reino de hielo, aquella sucesión de esculturas, se deshacían ante mí. El xanadú que yo conocía se convirtió en un árido desierto nevado, en cuyo centro se erigía, solitaria pero más brillante que nunca, la fría y perfecta escultura del ángel materno. Para mí, no había cabida para nada más. Por fin había encontrado la conexión, la perfecta simbiosis entre ambos mundos; era y deseaba (desde siempre) ser madre, y no había reino más grande que ese, ni reinado más importante. Dejé que los cálidos y apasionados sentimientos maternos templaran día tras día aquel universo de deseos congelados, por primera vez yermo de sueños, y fueron cada vez menos frecuentes las visitas al exuberante y ecléctico palacio de las esculturas de hielo. No necesitaba volver a aquel lugar, y tampoco encontraba ni tiempo ni excusa para perderme en la universoledad.

Y olvidé quién soy. Olvidé el camino de regreso a mi xanadú. Olvidé la magia de la evasión, de la pura creatividad, el poder de creer que todo es posible y de la ilusión por hacerlo realidad, el motor vital, en definitiva, que implica la construcción y consecución de los sueños, más allá de la incuestionable belleza de la maternidad. Mis hijos llenaban todo mi universo emocional y no había nada más allá de los sentimientos que me despertaban. Me había convertido en esa escultura del ángel materno, tan bella como congelada en su propia iridiscencia, tan cegada como calentada por su fulgurante resplandor. Y aún hoy, cuando visito xanadú, la mayoría de los días me refugio en sus heladas y eternas alas, porque no necesito nada más para sentirme yo.

Pero el insondable xanadú es un reino vivo que se crea, transforma y destruye al ritmo de las inquietudes de su creador, y pronto recuperaría su forma habitual, un lugar donde vivir y disfrutar la opulencia de la multiplicidad del yo. Alrededor del ángel materno aparecieron nuevas esculturas: la narradora de cuentos, la cantante de baladas para dormir, la profesora de baile, la titiritera, la payasa, la pintora, la inventora de los milyunjuegos, la máquinista del cariño, el hada de las palabras, la maga de las pupas, la hacendosa bordaditos, la creadora de sueños, la babycoach, la supermammy... Finalmente encontré el camino de regreso al rincón más lujoso de mi alma, y comprobé que brillaba más que nunca, tanto como había aumentado la riqueza arquitectónica del palacio de hielo, donde aún se erigen en todo su esplendor el resto de esculturas y sigo escuchando el retumbar del eco de mis deseos.

Algunas personas creen que en los albores de la universoledad hay un misterioso lugar de opulencia y exuberancia emocionales donde se reflejan y congelan los sueños. Yo no solo lo creo. Lo construyo, lo visito y vivo en él... cada día.

XANADÚ 3. mU.sen.fig. Morada de nieves 

26 de julio de 2014

El hombre distante

Anoche me preguntabas por qué me distancio. Por qué a veces me marcho, me voy, me alejo aun estando a tu lado. Y, aunque me da miedo admitirlo, mucho más me aterra pensarlo, resignarme… aceptarlo. 

Te extraño. Me parte el alma sentirlo, y duele, demasiado, tanto que a veces tengo que desconectar de nuestro mundo, de una realidad que me sacude y me hace caer de rodillas, como un soldado que desampara su bandera, como un desertor de sentimientos preparado para su inminente ejecución. 

Y sí, me voy, me distancio...

Porque, cegado por la necesidad  de ti, salgo a buscarte. Porque me niego a aceptar que ya no estás, que se marchó esa hechicera de ilusiones que cada día cautivaba mis sentidos, y desapareció llevándose consigo el tan necesario bálsamo de su cariño. Porque recuerdo, en lacerantes arrebatos de nostalgia, que un día disfruté en exclusiva de TI, de tu magia, de tu esencia en cada mirada y sonrisa, de los abrasadores efectos de tus caricias, de la forma en que tus palabras se prendían en mi alma y tus susurros la encendían. 

Pero ese tiempo pasó y hoy sé que no tuve suficiente de ti, amor. Que soy el cautivo de un recuerdo, el miserable esclavo del retorno, un adicto al reflejo, a la sombra, a la imagen borrosa que de vez en cuando aparece cuando me miras.Yo, que sé quién y cómo eres en realidad, soy solo el maldito privilegiado que una vez creció bajo la fulgurante luz de tu alma, que acarició la felicidad con las puntas de los dedos y finalmente te vio desaparecer como los contornos de un tatuaje añejo que no terminó de ser.

Así que me voy, me distancio... Escapo de una realidad que no comprendo, ni quiero ni pretendo siquiera entender, una realidad que me niego a asumir. Que no tuve tiempo de saciarme de ti, que tengo que compartirte con tu sombra, con aquello que continuamente te roba, te borra o te desdibuja. Que tengo que ver que vienes igual que te vas, en estallidos de luz. Que, deslumbrado a veces por ese reflejo que repentinamente desaparece, contemplo con el alma paralizada y las cegadoras lágrimas de mi desdicha que soy incapaz de retenerte a mi lado, de... revivirte. 

Por eso a veces me voy, me distancio. Porque te echo de menos… Demasiado. Te busco, no te encuentro... Te encuentro, te pierdo de nuevo... Y hoy lo admito, amor, que noy hay distancia que pueda curarlo.